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sergioandradeysugrupo

8 Julio 2011

POEMAS DE AMOR PARA UN FIN DE SEMANA LLUVIOSO Y MELANCÓLICO

POEMAS DE AMOR PARA UN FIN DE SEMANA LLUVIOSO Y MELANCÓLICO

No hay acto en la vida más solitario y nostálgico que el amar. No dije: Hacer el amor, dije: Amar. El amor, como lo entendemos en el mundo occidental, es un sentimiento contradictorio y particular que genera cambios de humor, caprichos, berrinches, desplantes y una nostalgia característica y propia únicamente de él, pues añoramos -al sentir amor- aquello que no sabemos y que ni podemos identificar. Durante nuestros enamoramientos no sentimos nostalgia de las cosas pasadas, idas, sentimos nostalgia de cosas que no podemos comprender, identificar ni ubicar. Algunas, hasta posiblemente, por venir.

El amor es una anticipación, una carencia, un deseo, una nostalgia del futuro. Hay quien diga que el amor, en su sentido romántico, es un invento del hombre moderno; hay historiadores que sitúan su origen conceptual en la Edad Media, como derivación y subproducto del inicio del desarrollo de las religiones monoteístas y las experiencias místicas aparejadas; hay marxistas que lo catalogan como producto de la evolución de las relaciones económicas en la sociedad, otros, de la Revolución Industrial, etc.

Precisamente, como resultado de la evolución de las relaciones económicas, de la religión, y de la educación como elemento perpetuador de valores, llega un momento en la Historia en que al amor se le identifica como requisito previo al sexo, elemento paralelo e indisoluble de él y condición sine qua non para que la relación carnal se dé. Los planteamientos de la teoría freudiana -que escandalizaron a la sociedad en su momento-, en los cuales se señala que los niños también tienen deseos y pulsiones sexuales, y los desarrollos científicos -como el uso más generalizado de las píldoras y métodos anticonceptivos-, así como los cambios paulatinos de las interrelaciones económicas (incluidas las de género) en la sociedad, han llevado -gracias a Dios- a separar y disociar amor y sexo. Nadie debería sentirse culpable por disfrutar del sexo, sin amor, e incluso hay quienes llegan al amor -como se entiende en términos de romanticismo- a través de una práctica satisfactoria, continuada y plena, de las relaciones sexuales.

Tal vez en los tiempos prehistóricos todo era más simple y el "amor" se reducía a satisfacer una atracción sexual (como en los episodios caricaturizados) dando un mazazo a la muchacha y arrastrándola del cabello hasta la cueva. Las mujeres, por su parte, ante la realidad de su menor fuerza física y como elemento colateral a su condición femenina, tuvieron que desarrollar artes refinadas de seducción para poder dar al hombre mazazos y arrastradas de cabello menos físicos pero más contundentes. Y ahora que se ejercitan de manera similar y en actividades deportivas paralelas a las de los hombres -unido todo eso al cambio económico de su papel familiar y social-, ocurre que los mazazos nos los dan físicamente al llegar o antes de salir de casa, o con unos buenos moquetazos de kick boxing o tae-kwon-do.

Pero volvamos al amor: Aunque hay algunos profundamente apasionados que comienzan con odio, golpes, patadas y arañazos de los dos participantes, para desembocar en un beso ardiente y voluptuoso, lo normal es que al ver el objeto de nuestro amor andemos pálidos, desencajados, como zombies, y muertos en vida; o más bien: vivos en muerte. El amor nos hace andar como sobre alfombras mullidas o, más aun, como levitando. Nos marea. Andamos distraídos, alelados y con los cambios de química a flor de piel. No hallamos paz sino al momento de volver a ver al ser amado. La lluvia nos emociona, nos pone todavía más nostálgicos, con ganas de llorar..

Para aquellos románticos y enamorados, que no se hallan, que sufren, que lloran porque cambió el clima...aquí van seis de mis poemas de amor. Si, por alguna razón, no podrán ver a su pareja este fin de semana, siéntense en la banca de un parque, o manejen por la ciudad lluviosa, o miren por su ventana cómo el gris tiñe casas y edificios, semblantes, corazones y ánimos...mientras leen estos poemas...

TU MANO

Qué voy a hacer sin ti en las madrugadas

-no porque esté pensando en convulsiones

o espasmos de amor o perversiones,

simplemente en dos almas enlazadas-.

Qué voy a hacer sin ti en los cinemas

-no porque busque un beso adolescente

ni rozarte la pierna entre la gente,

simplemente reír del mismo tema-.

Qué voy a hacer sin ti en los mercados

-no porque piense en guisos suculentos,

sino en partir el fruto en dos bocados-.

Qué voy a hacer sin ti en esos momentos

en que, inconsciente, voltee acostumbrado

a ver el esplendor del universo

y no encuentre tu mano.

Salvedades

Si tiene que partir, si va a dejarme,

que se vaya alejando poco a poco

en sus costumbres cotidianas,
en sus actos,
que se vaya de manera hipnótica,
lenta…
como se van los barcos
-para que ni mis cosas ni yo
nos demos cuenta.
Que sea su partida imperceptible,
sus movimientos sutiles y su adiós
delicado
-como nos dicen adiós,
cuando se despiden, los astros.
Si esto se va a acabar, o se acaba ya,
que me dé la espalda y sus acciones
lleven otro sentido, otras compañías.
Otros gustos y rencores;
pero que yo de lejos vea
que las cosas se le dan bien
aunque me deje fuera de sus planes
y –a pesar de estar siempre en las mías-
no me incluya en sus buenas intenciones.
Y si es preciso,
que se olvide de mí, que no me quiera,
yo quiero por los dos;
en mi laica oración
repito como una mantra interminable:
que sea feliz y sea grande y sea feliz
y sea grande y sea feliz y sea…
Lo que no puede pasar es que se pierda.
Lo que no puede ocurrir es que se muera.

CUANDO LLEGAS

Tu ternura de niña me envuelve en las sombras,

cómo quisiera desmenuzarte el encanto

que provocan en mí tu tímida sencillez,

tu desnudez fresca, tus alucinaciones,

para que entendieras por qué no te abandono…

cómo quisiera agradecerte tus palabras

de aliento, soltadas sin la menor intención

-involuntarias-, sólo porque forman parte

de tu esencia,

esa esencia que quisiera beberme toda

cuando amamos.

Para sentirme vivo sólo necesito

volver a verte.

Tus desplantes más simples me distraen las penas.

Si te tuviera siempre poniendo tu mano

en mi espalda, en mi estómago, en mi frente,

podría prescindir de médicos y brujos,

como en los cuentos mágicos en los que sólo

el amor precisas para alcanzar la gloria,

para matar la muerte, para ser gigante

en la existencia;

esa existencia que tú, tú precisamente

me agigantas…

Tu actitud de guerrera me espanta las dudas.

Si pudiera contar contigo, como ahora,

si pudiera contar contigo para siempre,

podría prescindir de padres y de madres,

de grandezas antiguas, de leyendas tontas,

de hijos, de vicios, de religión y dioses.

Como en las fantasías de los delincuentes

podría dejar atrás hasta el remordimiento

de mi vida;

esta vida que tiembla si te vas y empieza

cuando vuelves…

Para sentirme vivo sólo necesito

volver a verte.

Si pudiera verme a tu lado en un futuro,

caminando del brazo por esos pálidos

caminos donde hasta la risa tendrá que ser

suave para que el corazón no se detenga…

si pudieras llegar conmigo hasta la muerte…

podría –como algunos monjes de conventos-

dejar de hablar, vivir descalzo, ciego, en hielo;

olvidarme hasta de la música que suena

allá en la vida…

con tu vida tendría la música perfecta…

si pudieras…

Tu risa destruye las recriminaciones.

Aunque no te guste jurar, ni hacer promesas;

aunque no puedas comprometer tu presencia

para esos días en que por seguirte tanto

vuelva la vista y no encuentre raíces, oro,

minas de sal, grandes palacios ni cimientos…

hay momentos tuyos en que se ve lo eterno,

hay momentos tuyos que justifican todo

y lo que cuenta

es ese instante en que diluyes mi angustia

cuando llegas…

BESO

En un lugar dentro de mí (muy íntimo)

vive ligera y suave, casi muerta,

la sensación de un beso,

aquel beso.

A veces pienso que murió hace tiempo

y ya ni lo recuerdo;

en ocasiones siento que se mueve

cercano a mis pulmones

como si fuese un corazón gemelo;

otras veces lo siento agazapado

tras una vena o algún hueso,

humilde y alejado

pero vivo y contento.

Luego se me olvida

y queda moribundo mucho, mucho tiempo.

Pero sé que está ahí,

me consta que está ahí pues de repente

en una madrugada oscura,

un insistente acceso de palpitaciones

me sorprende,

es como un guiño de la noche,

un vértigo de abismos,

el estruendo apagado

del caer de lentejuelas en mi vientre.

Me consta que está vivo,

que existe, que me grita de pronto

su presencia,

me frena la intención, me exalta el miedo,

me duele en los extremos del aliento,

me hace temblar la carne,

me da un tic en lo interno;

entiendo lo que siente una madre

cuando la llama por primera vez el hijo

desde adentro.

Aunque a veces se me pierde

sé muy bien que está ahí, dentro de mí,

aquel beso.

Como están igualmente:

los árboles de aquel otoño –gigantescos-,

la nieve que nos descubrió el invierno,

el pueblo encajado en la montaña,

aquel otro con su grieta en el centro,

la tienda con la nuez en oferta,

los videos y los cuentos,

la frase que era nuestra,

tus palabras cortadas rebotando en tus dientes,

arañando mi oído que mojaba tu lengua,

el consecuente –aquel- escalofrío,

aquel sexo primero,

la casa de las piedras,

la del acantilado en el Mediterráneo

(aquélla que alumbraba el sol al ponerse a la derecha,

y que nunca habitamos),

la otra junto al lago con la canción que hablaba

de dejar de soñar;

los cangrejitos rápidos de aquella playa

-¿la recuerdas?-,

que entraban y salían transparentes,

sorpresivos,

de los agujeros…

como recuerdos.

Todo eso está en mí brillando por momentos.

Son relámpagos reales,

efímeros, potentes,

que me mueven la vida cuando la siento muerta

que establecen un puente para alimentar

el infierno triste de mis paraísos perdidos

con la magia brutal de la iluminación

del cielo.

Como está aquel beso,

largo, largo, prolongado

(en el desierto de las sombras

del cine del centro comercial

de los suburbios de perfil azulado

de la docta Córdoba).

Está dentro de mí, aún lo siento,

y cuando me golpea quisiera

detenerlo, alimentarlo,

hacer crecer inmensamente

para que no se fuera más,

para que ya no se apagara,

para que ya no se escondiera,

para que en el siguiente instante

fuera su aparición tremenda,

su magnitud gigante,

tan espectacular

que me resquebrajara las quimeras…

Pero viene y se va, modesto,

jugando a esconderse en mis adentros,

secreto, conociendo el poder del coqueteo,

disfrutando...

Es todo un mundo,

todo un misterio cálido aquel beso,

es como el eco del aletear de mariposas

sumergidas en cántaros de aceite,

tremendo en su simpleza,

destructor en su delicadeza,

discreto, vago y tierno.

Casual, esporádicamente,

pero me hace feliz;

sé que existió, que existe, que es eterno.

 

¿CÓMO AMAR?

¿Y cómo amar si no eres tú?

si aquel brillo en tus brazos se perdió
si aunque tenías errores eras mágico
fuerte, poderoso, simple
un niño gigantesco, grande!
y hoy eres la apología del miedo
la reserva, la duda, lo sombrío
la precaución, la calma, la prudencia
y a veces
lo correcto.
¿Y cómo amar si no eres tú?
si ya no es aventura cada día
y eres ahora -al revés- un adulto pequeñito
un hombre grande mínimo, enanito
-sin que eso signifique que un enano es malo
sólo que enanito es en este caso una forma
de decir que
ya no te hallo, no te encuentro
ni en mis cajones ni en mi ropa blanca, blanca
ni en el metro
ni aun cuando se que estás aquí en mi cama
en mi cuarto, en mi ropero-.
Sí, te perdiste y ahora hay otro en tu lugar
con mucho de lo que antes criticabas
con casi todo lo que yo temía
y llegué a imaginar como imposible
de soportar
de convivir con eso
desde la perspectiva de mi infancia
desde los juegos en que yo era niña
y veía la madurez como una cruel decrepitud
allá -acá- a la distancia... esa distancia
que ahora es hoy
-¡hoy ya!-
y hoy, cómo amar, y cómo amarte ahora
¿si este montón de miedos no eres tú?

SUEÑOS

I

Si pudiera encontrarte en un sueño

y sentir tus caricias precisas

calentándome el alma y el cuerpo

como entonces… como hace mil días…

Si pudiera sentir en mis sueños

que te llamo, salimos, paseamos

por ahí –alamedas, comercios,

avenidas de luz-, platicamos…

Si pudiera sentir que me tocas,

que realmente tus manos me alcanzan

y me alienta el oído tu boca

confesándome tus esperanzas…

Si pudiera tocarte en mis sueños

y sentir en tu espalda delgada,

avanzando mis uñas, mis dedos

hasta el punto en que ya no es espalda

y seguir descendiendo en mi sueño

por las curvas que adornan tus piernas

hasta el mundo, hasta el fin, hasta el suelo

donde el cielo y la tierra se encuentra…

y después regresar hacia arriba

al calor de lagunas y selvas

y llegar al azul de tu pelo

con la luna de sangre en tus venas

-con el sol de tu naturaleza-,

y alcanzar al subir poco a poco

entre el mar del amor la otra orilla,

los centímetros más peligrosos,

donde acaba y empieza la vida…

Si pudiera sentirte realmente

cada noche que cierro los ojos:

dura, sólida, clara, caliente,

pura, práctica, física, viva…

Dormiría las mañanas enteras

viviría una vida de ensueños

dormiría las tardes completas

pasaría la vida durmiendo.

II

Entre las cosas que tengo

y las que sueño…

me quedo con las últimas.

Constituyen mi fuerza, mi energía,

mi razón de luchar,

mis alegrías

sin tachas, sin defectos;

estructuran mi impulso,

le dan sentido a mis pasos

y dirección a mi vida,

y están más cerca de la gloria

que del fracaso.

Entre un pájaro en mano

y cien volando…

prefiero cien.

Para vivir feliz de ver la vida

florecer en libertad,

pero no vigilando,

maldiciendo,

dudando.

Saber que un día vendrán

sin preocuparme cuándo.

Entre tus besos locos

que con certeza

precederán a las nubes y a las guerras

y estos otros que llevo en los dedos,

en el cuello,

en medio de las piernas;

que me das en las noches

cuando me voy durmiendo

y puedo darte cuando se me antoje,

cuando yo quiera

-sin molestarte, sin tener que esperar,

negociar, seducirte, insistirte, cansarte-

sin que lo sepas…

prefiero éstos.

Se quedarán mis sueños construidos

lentamente,

muy lentamente cociéndose,

largamente acariciados.

Se quedarán ahí, al abrigo del tiempo,

pobremente logrados

pero a la vez perfectos.

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Los poemas de esta entrada son de SERGIO ANDRADE, y aparecen en los libros: REVELACIONES / Editorial PLANETA / 2002 , y DE LO PERDIDO, LO QUE APAREZCA / Editorial LITERALIA / 2006

Twitter: @sergioandrade_1

YouTube: http://www.youtube.com/sergioandradeygrupo

AMANECERES (L. y M. Sergio Andrade) by sergioandradeysugrupo

 

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